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Cubiertas vegetales en el olivar: la decisión agronómica que regenera el suelo

Cada primavera, antes de que el olivo florezca, nuestras calles se cubren de vegetación. No es hierba espontánea: es una cubierta sembrada con intención, una decisión agronómica que llevamos años afinando sobre los suelos calcáreos de Les Garrigues.

La mezcla: 60% gramíneas, 40% leguminosas

En nuestras plantaciones en seto sembramos una mezcla compuesta por un 60% de gramíneas y un 40% de leguminosas. Cada grupo cumple una función distinta y complementaria.

Las gramíneas (Festuca arundinacea, Dactylis glomerata y Bromus inermis, en proporciones iguales) colonizan el terreno con rapidez. Su crecimiento denso y su facilidad de multiplicación protegen el suelo desde los primeros meses de plantación, cuando el riesgo de erosión y de pérdida de suelo es mayor.

Las leguminosas (alfalfa, Medicago sativa, y esparceta, Onobrychis viciifolia) trabajan a más largo plazo. Su sistema radicular profundo ancla el terreno, mejora la infiltración del agua y fija nitrógeno atmosférico que queda disponible para el cultivo de forma natural. Al ser especies con flor, además atraen fauna auxiliar.

Tres funciones sobre el suelo

La cubierta cumple tres funciones que se refuerzan entre sí:

  • Protección física: amortigua el impacto de la lluvia, frena la erosión y limita la compactación que cierra la porosidad del suelo.
  • Vida microbiana: raíces y materia orgánica alimentan la biología del suelo (hongos, bacterias, microfauna), responsable de su estructura y de los ciclos de nutrientes. Un suelo biológicamente activo hace accesible una ventana amplia de elementos minerales que la planta, por sí sola, no podría extraer.
  • Aporte de materia orgánica: la biomasa segada que se devuelve al suelo, junto con la renovación constante del sistema radicular, incrementa el contenido en materia orgánica campaña tras campaña.

Por qué importa más en suelo calcáreo

Esto pesa especialmente en nuestro territorio. Son suelos calcáreos, con poca profundidad efectiva y exigentes por naturaleza. En un suelo así, cada punto de materia orgánica y cada mejora de estructura tiene un efecto desproporcionado sobre la retención de agua y la fertilidad. La limitación se gestiona; no se ignora.

Manejo, no abandono

Mantener una cubierta de alto interés agronómico y bajo mantenimiento no es dejar crecer. Es manejo. Elegimos especies de ciclo plurianual o con buena resiembra espontánea para asegurar su permanencia, y las gestionamos con siegas selectivas y medios mecánicos, sin herbicidas. El momento de cada siega es decisivo: favorece la multiplicación de las especies de interés frente a las que no lo son, y evita que la cubierta compita con el olivo por agua y nutrientes en los periodos críticos. Es un sistema que exige conocimiento del territorio y aprendizaje continuo, no recetas.

Del suelo a la sanidad del cultivo

La diversidad de la cubierta no termina bajo tierra. Las especies con flor sostienen poblaciones de insectos auxiliares y polinizadores que, junto con los márgenes de piedra, las zonas boscosas y otras infraestructuras ecológicas de la finca, forman un reservorio de biodiversidad. Cuanta más diversidad de vida, más difícil lo tienen las plagas y los patógenos para imponerse. Eso nos permite, en muchos casos, reducir la intervención fitosanitaria y sostener lo que en PONS llamamos equilibrio ecológico.

El criterio de cuarta generación

Un suelo cuidado mejora de una cosecha a la siguiente. Un suelo agotado, no. Somos la cuarta generación trabajando esta tierra bajo certificación ecológica, y el criterio sigue siendo el mismo: devolverla mejor de como la recibimos. La cubierta vegetal es una de las herramientas más concretas para cumplirlo, y se nota donde más cuenta: en la salud de la planta y en la calidad del fruto.


 

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